Sur de Entre Ríos: la sequía golpeó la soja y dejó al maíz por debajo del promedio provincial

Mientras a nivel nacional se habla de una cosecha gruesa récord, en el sur de Entre Ríos la campaña 2025/26 se vive con otro ánimo. En el departamento Gualeguaychú y en zonas productivas cercanas, la falta de lluvias en febrero dejó una marca clara en los cultivos: soja con pérdidas importantes, maíces por debajo del promedio provincial y productores que describen el ciclo como “flojo” en comparación con campañas anteriores.

El contraste es fuerte. Por un lado, las proyecciones nacionales muestran una recuperación productiva y un escenario más optimista para el agro argentino. Por otro, en el sur entrerriano la realidad es mucho más ajustada: la lluvia llegó tarde, de manera desigual y no alcanzó para sostener el potencial de muchos lotes en su momento crítico.

  • El maíz del sur rinde menos que el promedio provincial.
  • La soja de primera aparece como el cultivo más golpeado.
  • Las lluvias de febrero fueron sectorizadas y no corrigieron el daño.
  • La brecha entre el sur entrerriano y otras zonas del país volvió a quedar expuesta.

¿Qué está pasando con la cosecha en el sur de Entre Ríos?

En localidades y áreas productivas de Gualeguaychú, Larroque, Cuchilla Redonda, Perdices y Las Mercedes, la campaña gruesa quedó condicionada por un verano con escasez de agua y una recuperación tardía. El problema no fue solo la falta de precipitaciones, sino también su distribución irregular: hubo sectores que recibieron algo de alivio y otros que prácticamente no lograron recomponer el cultivo.

Esa heterogeneidad se traduce hoy en una campaña con lotes muy dispares, incluso dentro de una misma zona. En algunos campos, la soja logró sostener una condición apenas regular. En otros, el daño fue mucho más severo, con pérdidas de rendimiento que cambian por completo la ecuación económica del productor.

¿Qué muestran los rindes de maíz en la provincia y por qué el sur queda rezagado?

El maíz de primera permite ver con claridad esa brecha regional. Mientras el promedio provincial se ubica en torno a los 6.500 kilos por hectárea, el sector sur presenta los valores más bajos, cerca de los 5.400 kilos. Al mismo tiempo, otras zonas de Entre Ríos, como el norte y el oeste, muestran rindes sensiblemente mejores.

En la práctica, esto significa que la provincia no tuvo una campaña homogénea. El dato promedio puede sugerir un escenario aceptable, pero cuando se mira la distribución territorial aparece otra historia: el sur quedó por debajo del desempeño del resto y volvió a quedar mucho más expuesto a la falta de agua en momentos clave del cultivo.

Productores de la zona explican que el maíz temprano logró defenderse algo mejor porque fue implantado antes y pudo atravesar parte de su ciclo en una ventana menos desfavorable. Aun así, los números quedaron lejos de lo que se esperaba en un año que, visto desde una escala nacional, parecía más prometedor.

¿Por qué la soja es el cultivo más comprometido?

Si en maíz la campaña muestra señales de desgaste, en soja el panorama es todavía más delicado. La soja de primera fue una de las más afectadas por la sequía y por la mala distribución de las lluvias. En varios lotes del sur entrerriano, el cultivo perdió flores y chauchas en pleno período crítico, lo que redujo de manera directa el rendimiento esperado.

En algunas explotaciones de la zona, las estimaciones actuales están por debajo de los niveles logrados en las últimas dos campañas. Allí donde se habían proyectado rindes más cercanos a un año normal, hoy el recorte obliga a recalcular márgenes y a pensar la próxima campaña con más cautela. Incluso en los lotes que recibieron alguna precipitación hacia mediados de febrero, la mejora llegó tarde y no alcanzó para revertir el daño ya generado.

La soja de segunda, en cambio, muestra en varios casos una condición algo menos crítica. Su calendario la dejó mejor posicionada para aprovechar las lluvias que llegaron después, aunque eso no significa una campaña holgada. En el sur entrerriano, la recuperación fue parcial y sigue habiendo una gran proporción de cuadros entre regulares y malos.

¿Por qué el optimismo nacional no se refleja en Gualeguaychú?

La explicación está en la escala de análisis. Las proyecciones nacionales integran realidades muy distintas y capturan la recuperación de regiones que lograron mejores perfiles de humedad, mayor estabilidad o mejores rindes en cultivos clave. Pero cuando se baja al mapa productivo de Entre Ríos, y en especial al sur de la provincia, el panorama cambia.

En Gualeguaychú y su área de influencia, la campaña no encuentra respaldo en ese optimismo general. El productor local no está mirando una cifra récord nacional, sino el resultado concreto de sus lotes. Y en muchos casos ese resultado deja una sensación de campaña floja, con rendimientos que apenas sostienen la estructura productiva o directamente no alcanzan lo esperado.

¿Qué deja esta campaña para el próximo ciclo?

Más allá del resultado final de cosecha, el sur entrerriano cierra esta etapa con una señal clara: la variabilidad climática vuelve a ser decisiva y obliga a pensar con más precisión el riesgo productivo por ambiente y por zona. La campaña 2025/26 deja una provincia partida en términos de rendimiento y una advertencia concreta para quienes planifican el próximo ciclo.

En ese contexto, el dato más relevante no es solamente cuánto crecerá la producción argentina, sino cómo impacta ese escenario cuando se lo contrasta con las economías regionales y con los productores que quedaron fuera de la foto optimista. En el sur de Entre Ríos, esa diferencia ya se siente en el lote, en los rindes y también en las cuentas.

Mientras el país proyecta una cosecha histórica, Gualeguaychú y zonas cercanas atraviesan una campaña mucho más ajustada, marcada por la sequía, la desigualdad de las lluvias y rindes que no lograron acompañar el promedio provincial.

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